A partir de la década de 1950 surgen en Francia una serie de invenciones relacionadas con la capacidad de las formas para emitir energía, anular ondas nocivas o cambiar las propiedades de líquidos como el agua o el vino. Estos desarrollos, aunque similares a los que realizan los radiestesistas de la corriente física, no se encuadran en dicha disciplina, sino que se presentan desde una perspectiva científica o con dicha pretensión.
En este contexto aparecen patentes que serían el antecedente de los múltiples objetos o dispositivos existentes en la actualidad para modificar o atenuar las cualidades energéticas del entorno, así como para generar efectos positivos sobre la salud y el hábitat. Con el número FR1087629A se aceptó la patente de Bernard-Leon-Alfred Paulet en 1955, actualmente expirada.
Descripción del dispositivo:
Este pequeño dispositivo —según lo descrito en la patente y documentos asociados— aumenta la energía vital de lo que se sitúa encima, debajo o en el entorno. Es útil para armonizar espacios por sí solo y para regular todo tipo de energías externas o radiaciones. Sin embargo, se ha de ser prudente y no emplazarlo en lugares con cruces de líneas telúricas o puntos geológicos de alta energía, ni en lugares de polaridad positiva, pues entonces aumenta la actividad y potencia la carga inicial.
Sus cualidades de activación de la vitalidad abarcan desde la protección de lugares hasta el fomento del crecimiento de plantas, árboles y semillas. Sus efectos se deben tanto a las propiedades de la forma específica como a las cualidades electromagnéticas del material empleado: el cobre.
Construcción y uso:
El dispositivo consiste en una forma simétrica realizada en cobre de 9,5 cm por 9,5 cm, no pudiéndose modificar su geometría ni escalar su tamaño. El material empleado es cobre, ya sea una plancha de cobre fino, lámina adhesiva de cobre o de las utilizadas para repujados. Simplemente hay que recortar la forma; para ello puede utilizarse una plantilla. Si se trata de una lámina muy fina, se puede pegar sobre una base con la misma forma.
A modo de acumulador de orgón, es posible apilar múltiples formas con una capa intermedia aislante de papel, empezando por aislante y terminando en cobre. El cobre debe estar en contacto con el objeto o elemento a cargar, o bien orientado hacia arriba en el entorno cuando la forma esté fijada sobre un soporte.
Aplicaciones:
Los elementos para cargar se sitúan encima y se dejan un mínimo de una hora, o durante un tiempo determinado por algún tipo de test. Puede hacerse con alimentos para ingerir, agua u otros líquidos, cuarzos o elementos cuya influencia haya sido predeterminada por otros métodos. Por ejemplo, se programa un cuarzo de modo radiónico y se deja un tiempo encima de la forma para que aumente su potencial.
Puede colocarse sobre un árbol (ayudándose de un soporte) para que aumente su crecimiento y resulte más resistente a plagas y enfermedades. Asimismo, aumenta las posibilidades de germinación y crecimiento de las semillas si se dejan éstas sobre la forma durante un día. Situada en un entorno con baja vitalidad, incrementa la estabilidad y la sensación de armonía. Como elemento potenciador de la influencia de la forma, puede añadirse una punta de cuarzo para aumentar su radio de acción.
Precauciones y usos adicionales:
El contacto con el cuerpo humano debe ser limitado, pues produce una rápida sensación de vitalidad y no debe realizarse antes de dormir. Por la mañana, al despertarse, puede colocarse unos minutos en la zona del ombligo para revitalizar y activar el organismo.
Para potenciar entornos, pueden situarse encima de la forma elementos energéticos tales como triqueles, armonizadores, geometría sagrada, sólidos platónicos o remedios, con el fin de matizar la influencia que proyecta la forma. Una manera de utilizar distintas tendencias para armonizar es poner encima de la forma una serie de gemas para crear una armonización en el entorno.