A partir de la década de 1950 surgen en Francia una serie de invenciones relacionadas con la capacidad de las formas para emitir energía, anular ondas nocivas o cambiar las propiedades de líquidos como el agua o el vino. Estos desarrollos, aunque similares a los que realizan los radiestesistas de la corriente física, no se encuadran en dicha disciplina, sino que se presentan desde una perspectiva científica o con dicha pretensión.
En este contexto aparecen patentes que serían el antecedente de los múltiples objetos o dispositivos existentes en la actualidad para modificar o atenuar las cualidades energéticas del entorno, así como para generar efectos positivos sobre la salud y el hábitat. Con el número FR1087629A se aceptó la patente de Bernard-Leon-Alfred Paulet en 1955, actualmente expirada.